La Caja de Pandora
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Crónicas

Kings Of Convenience en Lima (Crónica)

By December 6, 2011 Crónicas

Una cita nocturna. Una congregación de jóvenes (y no tan jóvenes) que buscaban liberar esa olla de presión que algunos nunca se dan el tiempo de destapar. ¿Alma? ¿Corazón? ¿Quizás repleta de sentimientos, quiza también con algunas pizcas de dolor?

Eran las 10 de la noche, y me encontraba muy ansioso esperando en la fila de lo que sería la primera presentación de Erlend y Erick en Lima. Al fin, después de casi dos años de que escribiera por primera vez de ellos en mi blog (con una ansiedad y atropello propia de un principiante, pero con la emoción de un ser enamorado de la música) , estaba a escasos centrimetros de el par de músicos más cautivadores de la escena europea y quizás de la independiente también. Era un noche para soñar despierto.

El ambiente que se cernía sobre Gótica era de aquellos que muy pocas veces visita nuestra ciudad. El setlist que funcionaba de antesala para aquella cálida velada era una prueba de ello. Soul y voces privilegiadas despertaban la curiosidad de los asistentes. Luego, mi oído reconocía algo más familiar: el cálculo extrambótico y atmosférico de Foals (“2 Trees”) daba duros golpes contra mi pecho, mientras que The Horrors (“Scarlet Fields”) se atrevía a enarbolar la nota dispar, rasgando ocasionalmente la ropa y oídos de aquellos muchachos que recién comienzan a usar geeky glasses y pantalones ajustados.

Y de pronto allí estaban. Un par de tipos altos, muy altos, que fueron recibidos cálidamente por el público de la ciudad. Nadie podía contener la ansiedad ni las muestras de cariño, y es por eso que Erlend y Erick tratarían de enseñarnos la filosofía del silencio. Así pues, los que los habían esperado por varios años aceptaron calmarse y contener sus alaridos., mientras que los otros que quiza ni siquiera merecen haber nacido (si, me refiero a ti cojudo que hablaste durante todo el puto concierto), sencillamente, no.

Erick abría con “My Ship Isn’t Pretty” y de pronto una atmósfera se esparcía por todo el escenario sin necesidad de temporal. Uno comenzaba a notar que el sonido de un par de guitarras y voces privilegiadas bastaba y sobraba para mejorar lo que se alcanza a escuchar en un simple disco compacto o archivo mp3. Las canciones iban y venían. Todos parecían hablar un mismo idioma. El idioma del amor. El idioma del dolor. El idioma de la felicidad. El idioma de la tristeza.

Erlend  parecía flotar y disfrutar cada pequeño pasaje de la presentación. Presenciábamos un disfrute visceral de cada hebra de su cuerpo. La inocencia y espontaneidad de un niño. La madurez de un gran músico. Por su parte, Erick parecía exhalar cada verso como si fuera el último. Con mucha fuerza y calidez, un tema de 1997 comenza a sonar fresco nuevamente, como si en verdad fuera su primera vez.

“We got four eyes, so why yearn for one perspective? We got colours, they disappear when blended”. Un mensaje de paz. Uno de mis temas preferidos se convirtió de pronto en un grito en la oscuridad. “Uhhhh Ahhhh”. Nadie conocía quien diablos tenía al costado, pero juntos formaban una dulce melodía.

“Riding in this Know How, never been here before. Is history recorded? Does someone have a tape?” Mi piel se escarapelaba. “Oh Oh What Is There To Know? This is what it is? Oh Oh You and me alone. Shared simplicty” Un final que vivía en medio de la masa y que me hacía sentir como una Feist más de la masa (con varias docenas de desafinación encima, claro esta).

“So we meet again, after serveral years. Several years, of separation”. El tema más coreado de la noche. “Oh Oh Oh”, KOC se llevó la sorpresa de la noche, cuando la creatividad de unos espontáneos se materializo en pedazos de papel. Como era de esperarse, el par noruego recompensaron esta osadía con una improvisación rockera y con más de un grito hard rock. El público comenzaba a sentirse pleno.

“Only someone. Who’s morally. Superior can possibly. And honestly deserve. To rule my world”. Un fin de fiesta inolvidable, que develaba por completo la forma en que los chicos de KOC concebían la vida y su música. Una fiesta interna que yace escondida en cada uno. Un espacio de reflexión. Una cobija sobre la cual te puedes recostar en los peores momentos, y un abrazo que te espera abierto. En suma, un momento para tí mismo. Creo que todos los que hemos escuchado la música de Erlend y Erick hemos sentido eso, y creo que todos los asistentes del pasado miercoles pudieron alcanzar una conexión de ese tipo. Muchas gracias por su visita, muchachos. Los esperamos de vuelta pronto =).

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